lunes, 18 de febrero de 2013

Capitulo 1



Hugo camina cabizbajo por el empedrado pasillo, gruñe por lo bajo, aún le escuece la nuca por el reglazo que le ha propinado su tutora. Odia el orfanato, lo odia desde siempre, desde que tiene el uso de la razón y aprendió que una pareja no quiere adoptar un chico problemático. Y ahora, a sus dieciséis años, y los dieciséis años viviendo en ese orfanato, aún no le dejan coger algo de comida de la cocina. "Tacaños!" piensa furioso. Cuando él sea mayor, tendrá su propio negocio, será su propio jefe y nadie le mandará, además, comerá todos los sándwiches, pizzas o hamburguesas que quiera, y todos los helados que guste, lo compartirá con sus empleados y no les gritará y ganará tanto dinero que nadará en billetes de 500, y se bañará en champagne. Dos monjas pasan rápidamente por su lado, susurrando frenéticas, Hugo se gira sorprendido, ese pasillo está prohibido para los niños, y él no es ningún exclusivo. De repente, siente un cosquilleo en el estomago que no es del hambre, curioso, sigue a las monjas silenciosamente, intentando escuchar sus susurros:
-¿Y dice que...?-pregunta sor María.
-Que ella es un tipo de prima lejana y que lo quiere ver-contesta sor Laura.
-¿Qué le habéis dicho?
-Primero la hemos llevado a la enfermería, está llena de arañazos, como si le hubiera atacado un oso
-Madre de Dios!-rápidamente, las dos mujeres se santiguan, Hugo tuerce la cabeza claramente interesado en esa mujer o niña.
-¿Es verdad que ha traído un perro que se parece a un lobo?-pregunta sor María entrecortadamente.
-Ella dice que es su perro, pero es un lobo, solo le tienes que mirar los ojos...hermana, tendrías que haber visto como la joven le ha hecho una señal al...perro y este se ha tumbado y quedado quieto..seguro que si miras por la ventana, lo ves aún allí-sor María mira por la ventana y Hugo se esconde en una columna, apenas tarda un minuto y se aparta de la ventana con sus pequeños ojos abiertos de par en par.
-Dios mio! Es muy grande...-se empiezan a alejar rápidamente, pero Hugo, curioso, se asoma a la ventana. Enseguida ve al animal, su pelaje blanco brilla con luz propia y, efectivamente, está tumbado, repentinamente, el animal alza la vista y lo mira. Hugo se queda paralizado, el cosquilleo del estomago se hace mas fuerte, sintiendo estrujones y Hugo deja de respirar, inmerso en esos ojos. Consciente de que las monjas han doblado la esquina, el chico se obliga a apartar los ojos y a seguirlas. Cuando las alcanza sigilosamente, apenas consigue entender lo que dicen.
-¿Qué haremos? Se la presentamos al chico...
-No lo sé, a lo mejor la reconoce, y así el chico podrá irse de aquí, lleva demasiados años...-Hugo parpadea "no pueden estar hablando de mi" piensa.
-Hermana, por ahora dejaremos descansar a la chica y ya hablaremos con Hugo...-el joven se queda parado, sorprendido, las monjas se alejan, pero él no hace ningún movimiento para seguirlas. "Tengo una prima que no se sabe de donde viene, tiene un lobo de mascota y le ha atacado un oso..."Hugo se muerde los labios y mira por la ventana, viendo al animal en su sitio. Incapaz de contenerse, baja por las escaleras corriendo, hasta la puerta trasera que va hacia el jardín, donde un grupo de niños de diferente edad cuchichean mirando al animal, pero ninguno se acerca. Dándose ánimos, Hugo se abre paso de entre los niños, saliendo al jardín, los niños dejan de hablar, mirando al joven acercarse al animal. Con algo de miedo, Hugo mira al lobo y este le devuelve la mirada, tranquila mirada. El chico se acerca hasta dos metros y se arrodilla, el animal no deja de mirarle, sin mostrar ningún apéndice de agresividad.
-Hola bonito, ¿te aburres?-canturrea él, el lobo ladea la cabeza comicamente, escuchando. Entonces, Hugo ve las heridas sangrantes del animal.
-Vaya! Te ha atacado a ti también y sangra bastante...mmm espérame aquí- corriendo Hugo entra en el orfanato y busca la enfermería. En apenas unos minutos llega y frena patinando, solo tiene que pedir unas vendas y agua oxigenada, pero sabe que ahí dentro está su "prima".
-Hugo, ¿qué haces aquí?-pregunta Sor Rosario
-Quiero unas vendas para...
-¿Para quién?
-Para el perro de fuera, está sangrando...-pone su cara de conejo degollado y la monja suspira conociendo ese truco.
-Espera aquí, voy a preguntarle a su dueña y si me dice que no es agresivo te daré las vendas.
-Y agua oxigenada.
-Está bien, vendas y agua oxigenada-la monja entra dejando la puerta entreabierta, sin poderlo evitar, Hugo se acerca, escuchando todo lo posible.
-Chiquilla, tu...perro está herido...-empieza sor Rosario
-Es una hembra señora-contesta una voz aguda
-Soy hermana para ti ¿no sabes diferenciar una mujer de Dios?
-Perdone señora hermana-Hugo tose disimuladamente para evitar reírse, le está empezando a caer bien su prima.
-Es igual, un chico quiere curar a su perro...hembra...
-¿No se le dice perra?-Hugo se mete el puño en la boca para que no se escuche su carcajada.
-Aquí no se dice ni perra ni zorra!-exclama la monja, se escucha un silencio, antes de que la chica conteste.
-¿Zorra?¿Donde?No he visto ninguna zorra por aquí- al joven le caen las lagrimas al intentar no reírse.
-Es igual niña! ¿Tu animal es agresivo?-pregunta cortante sor Rosario.
-No señora hermana, seguro que si le hacen cariñitos se pondrá patas arriba para que le acaricien- tras un silencio, Hugo se da cuenta de que sor Rosario está cogiendo las vendas, se aparta rápidamente de la puerta, a tiempo de que se abre y sale la monja, con una cara roja granate.
-¿Te pasa algo Hugo? Parece como si hubieras llorado.
-No hermana, me he mordido la lengua, nada más-contesta con voz de inocentón.
-Muy bien, aquí tienes las vendas y el alcohol
-Gracias hermana-sin darle tiempo a contestar, Hugo coge las vendas y el bote y sale corriendo.

Cuando llega al lado del animal, vacila con los trastos en los brazos, con cuidado se arrodilla y avanza hasta casi tocarlo. El animal no se mueve pero no deja de mirarlo fijamente.
-Hola preciosa, esto va a doler, pero te va a curar..así te brillará aún más el pelaje-canturrea, la loba mueve la cola y Hugo suspira. Con cuidado abre el bote y echa un poco en la venda y se acerca a la herida hasta tocarlo. El animal da un respingo pero no gruñe y Hugo le limpia bien los cortes de la barriga, las patas y el cuello. Maravillado por la suavidad de su pelaje, el chico ata la última venda del cuello, acariciándole la cabeza.
-Me pregunto quien te ha hecho esto-el lobo lanza un suspiro, como si también se lo preguntase. Con tranquilidad, el animal se levanta, estirándose y Hugo se queda asombrado por su altura.
-Eras la mas grande de la camada eh princesa-comenta sonriendo, la loba mueve la cola y se vuelve a tumbar en el mismo sitio, esperando a su dueña. Hugo arruga las cejas, mirando al cielo, "pronto lloverá" piensa. "En una hora mas o menos" susurra una voz femenina, el chico da un respingo y mira al animal, que lo mira fijamente, ladeando ligeramente la cabeza. Hugo mueve la cabeza "estas loco" y se aleja de la loba.

Aquella noche llovió, pero la loba no se movió, y por más que los niños suplicaran a las monjas que dejasen entrar al animal, el lobo se quedó fuera, mojándose y durmiendo a pierna suelta. Al contrario que Hugo, que pasó toda la noche dando vueltas. Por la mañana, el joven se asoma a la ventana, pero no ve a la loba, sorprendido se viste rápidamente y baja al comedor, esperando ver al animal, pero no ve ningún destello blanco.
-Perdona hermana Dolores, ¿donde está el perro?-pregunta a la primera monja que ve.
-Su dueña a querido llevárselo de paseo, aunque le hemos dicho que debe permanecer en cama, pero no nos ha hecho caso.

Durante el desayuno, Hugo espera ver a su prima o la loba, pero ninguna de las dos aparece, con irritación, Hugo entra a su clase, pero Sor María lo saca.
-Tenemos que hablar-susurra la mujer, Hugo asiente, sabe perfectamente de lo que quiere hablar. Con tranquilidad, la monja lo lleva a su despacho y se le queda mirando fijamente.
-Bueno, ya me han dicho que has visto el...perro
-Si hermana
-¿Sabes quién es su dueña?
-No hermana
-Bueno Hugo, ayer por la tarde, vino una joven, de más o menos de tu edad y...dijo que...bueno, que es tu prima...-Hugo alza la cabeza, fingiendo sorpresa.
-Y...no sabemos si la reconocerás, pero su nombre es Alexandra...¿Reconoces el nombre?-él niega la cabeza.
-Bueno, es extraño, parece francés, pero cuando le hemos preguntado si era francesa, la chica no sabía lo que es Francia-sor María frunce los labios, disgustada.
-Vale, ahora te lo tengo que preguntar ¿quieres verla?-Hugo asiente rápidamente. Sor María lo lleva a la enfermería, en la puerta para y mira al joven.
-Te dejo solo para que... habléis, y si de verdad sois pariente, pues te podrás ir con ella...cuando sus padres vengan a por vosotros...-la monja abre la puerta y le hace una seña para que entre.
Hugo entra lentamente, buscando con la mirada por las camillas, hasta que ve la chica tumbada en una con las manos detrás de la cabeza y la loba tumbada bajo la cama. Hugo lanza un carraspeo y la loba mueve la cola, saludándolo. La joven se levanta rápidamente, sonriendo.
-Hola!
-Mmmm...hola-Hugo se mueve incomodo ante el escrutinio de la joven
-¿Eres Hugo verdad?-pregunta tras darle un segundo repaso.
-Si...
-Si, ya veo que has heredado los ojos azules de los cielos...-Hugo la mira extrañado.
-¿Eres mi prima?-pregunta tras un minuto de silencio, la chica mira alrededor antes de contestar.
-No
-¿No? ¿Somos alguna clase de parientes?
-No-la joven sonríe ante la cara de sorpresa de Hugo
-Entonces ¿por que dijiste que lo eres?-pregunta él algo interesado.
-Para que me dejaran hablar contigo-"esta tía está loca"piensa divertido
-Y..¿para que quieres hablar conmigo..mmm...alexandra?
-Llámame Alex, pues fácil, te tienes que venir conmigo Hugo, eres el elegido-el chico parpadea, eso ya es demasiado.
-¿El elegido? ¿para qué?
-Pues para entrar en Lupo, vencer a Lorko y devolver a nuestras tierras la paz...ah! y destruir a sus mascotas.

viernes, 15 de febrero de 2013

Epilogo

Unas delgadas piernas corren entre las hojas de los helechos, saltando agilmente los troncos muertos. Detrás suyo, con menos esfuerzo, un lobo blanco la persigue jadeando ligeramente. La joven mira hacia atrás, localizando un destello verde y rojo entre los altos arboles.
-Vamos Ledai! Tenemos que llegar al portal!-susurra la chica al lobo, quien le responde con un gruñido. Sin dejar de correr, ella cierra los ojos ligeramente, recordando las últimas palabras de su madre: "Tienes que encontrarle, él es el elegido, traspasa el portal, cuidado con las mascotas de Lorko" y con ese último consejo, su madre se había dejado llevar por la muerte.

Jadeando sin parar, la muchacha mira hacia atrás, distinguiendo fácilmente un dentellado morro arrugado. "Nos alcanza" piensa desesperada, intenta buscar algún indicio del portal, pero solo ve troncos y helechos. "¿Donde está?" susurra una voz en su cabeza, la joven mira a su peluda acompañante, "No lo sé, tendríamos que estar cerca" contesta haciendo eco en la mente del lobo. Entonces, sin previo aviso, una raíz sobresale, haciendo que la chica tropiece y caiga rodando unos metros, la loba para junto a ella y se gira hacia la forma alargada que corre hacia ellas, enseñando los dientes. La chica saca su daga, dispuesta a pelear. La forma alargada para un segundo, sonriendo con sus afilados colmillos, e irguiéndose, alcanzando los casi tres metros de altura y blandiendo su armada cola con un rugido, se abalanza sobre la muchacha. 

Bienvenida

Hola! En este blog dominarán las historias de mi desbocada imaginación. Ahora estoy con una que escribo muy poco a poco, donde un nuevo mundo se abre ante nuestros ojos. El elegido.